Sobrepensar
Sobrepensar… y sobrepensar… y sobrepensar…
Es ese proceso mental en el que te quedas atrapado dándole vueltas una y otra vez a los mismos pensamientos y, además, lo haces de forma repetitiva, circular y poco resolutiva.
No se trata de que pienses más o menos, la cuestión es que hay pensamientos que provocan un impacto emocional enorme y, por ello, permanecen más tiempo contigo.
Y sí, si pretendes esforzarte por evitar esos pensamientos, (sin pararte a escuchar lo que realmente quieren decirte) mayor tiempo se mantendrán contigo, convirtiéndose en un bucle de ansiedad, culpa e inseguridades.
Y ese error,
¿QUÉ DICE DE MÍ?
¿QUÉ VAN A PENSAR DE MÍ?
De esta manera, si sentimos que fallamos, conectamos con una parte interna muy profunda que teme el rechazo, que dejen de quererme, de admirarme, que teme que me juzguen (de nuevo).
Para muchas personas LGTBIQA+, sobrepensar está muy ligado con nuestra historia de autoprotección personal, con el modo en el que aprendimos a sobrevivir, y con el miedo al juicio.
Porque sí, muchísimas veces hemos tenido que analizar internamente cada gesto, cada palabra, e incluso nuestras emociones, para anticipar posibles reacciones negativas de nuestro entorno.
Ese hiperanálisis fue, en su día, un mecanismo de supervivencia que, con el tiempo, se ha convertido en una trampa: una mente que busca controlar lo incontrolable y evitar sentir lo que duele.
El trabajo terapéutico pasa por mirar de frente esos pensamientos, sin pretender evitarlos o suprimirlos, sino observarlos con interés y sin juicios, escucharlos atentamente y desgranar qué hay detrás de ellos, validando las emociones que ahí surjan y prestando atención en qué parte del cuerpo se sienten.
A veces pensamos tanto que dejamos de disfrutar.
Creemos que, si lo analizamos todo, encontraremos una respuesta que calme lo que sentimos.
Pero un pensamiento no siempre tiene ese poder.
Mantiene viva la herida, como si al darle vueltas pudiéramos evitar que duela
Desde mi mirada terapéutica, te planteo que la salida no está en pensar menos, sino en aceptar más: dejar que el pensamiento llegue, escucharlo, reconocer qué emociociones trae consigo y elegir qué hacer con cada una de ellas, poco a poco.
A veces, solo necesitamos sentirlo y soltarlo
¡Gracias por llegar hasta aquí!
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