Duelos no autorizados
en personas LGTBIQA+
Un duelo no autorizado es aquel que no es reconocido o validado por el entorno social, lo que hace que la persona que sufre la pérdida no se sienta con derecho a expresar su dolor ni a recibir apoyo.
Para muchas personas LGTBI, este sufrimiento puede estar atravesado por la invisibilidad, el estigma o la falta de reconocimiento social.
De manera que no solo se llora una pérdida o ruptura, sino también la imposibilidad de llorarla en público.
Aunque pueda sorprenderte, aún existen muchas personas e instituciones que no encajan en sus modelos normativos de relación ni las vivencias de pareja entre personas LGTBI ni otros vínculos relacionales, llegando a invalidarlas y a no considerarlas como un «duelo legítimo».
Mensajes explícitos e implícitos como «No es para tanto«, «eso deberías haberlo superado ya«, «tampoco era una relación real» o «no llores por eso» pueden generar culpa, vergüenza, aislamiento, tristeza prolongada, bloqueo emocional, ansiedad y somatizaciones, entre otras dificultades.
De esta manera, el sufrimiento ante una ruptura de pareja no llega a expresarse con libertad, porque tu entorno le está dando más importancia al tipo de vínculo más que al significado emocional de la pérdida, negándote el derecho a sentirla.
En estos casos, se pierde a la persona y el lugar que ocupaba en tu vida, pero no se recibe apoyo suficiente, no hay rituales de despedida y el duelo se complica.
«Salir del armario» es inmensamente liberador, pero para muchas personas puede ser un duelo silencioso y no reconocido porque puede implicar:
Este tipo de duelo genera gran sufrimiento porque el vínculo seguro se rompe a pesar de que la relación continúa.
Se puede generar una doble herida al perder las expectativas sobre lo que parecía ser un lugar seguro y una identidad compartida, favoreciendo el aislamiento y el estigma.
En estos casos se siente una pérdida de seguridad, una pérdida de la inocencia o una pérdida de confianza en el entorno, y se agrava aún más cuando esta vivencia se minimiza y se silencia.
Cualquiera de estas situaciones provoca un gran impacto emocional y requieren un abordaje terapéutico, porque además suelen atravesarse con:
Para muchas personas que formamos parte del colectivo, hay pérdidas, vivencias y rupturas que no fueron lloradas y sentidas a tiempo.
La terapia puede ser, por primera vez, el espacio seguro donde ese dolor tiene permiso para EXISTIR.
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