El poder de la comunidad LGTBI y sentir que SÍ PERTENECES
Mi experiencia ORLANDER
Sentirse parte de un grupo es una necesidad humana básica. Pero, para las personas LGTBI, encontrar un espacio de comunidad real, en el cual conectar con tu parte más auténtica, es una herramienta de supervivencia emocional.
El mes de mayo lo comencé participando como psicólogo en el retiro Orlander, y tuve la suerte de impartir un taller sobre procesos de pérdidas y duelos no autorizados en personas LGTBI.
En Orlander me encontré acogida, autenticidad y orgullo colectivo en forma de miradas y abrazos.
Crecer ocultando una parte fundamental de la identidad genera un aislamiento profundo y signos de ansiedad, depresión o baja autoestima. Pero además, muchas personas LGTBI nos graduamos en hipervigilar lo que ocurría en nuestro entorno, modificando nuestros gestos e intereses para no ser descubiertos y sentir que encajaríamos un poco más.
Ese estado de alerta constante bajo el impacto del estrés de las minorías drena la energía y favorece la desregulación emocional. Y es que, al salir del armario, el entorno sociofamiliar no siempre ofrece el espacio seguro que se necesita. Y es aquí donde la comunidad elegida cambia las reglas del juego.
Así, el “peso del armario” abre las puertas a una verdadera comunidad, como espacio de reparación psicológica, en la que:
Generalmente, el ocio nocturno y las apps de citas han sido los principales puntos de encuentro para muchos hombres gais. Y, aunque a veces resultan útiles, otras veces fomentan la superficialidad y las comparaciones, y favorecen una mayor vulnerabilidad psicológica.
Crear y buscar comunidades basadas en el deporte, el arte, el activismo o la salud mental permite conectar desde esa vulnerabilidad y el apoyo mutuo. Nos hace sentirnos válidos, y que formamos parte de un grupo siendo tal y como somos.
Pertenecer a un grupo nos recuerda que, no importa lo difícil que sea tu camino, porque siempre habrá un refugio al cual volver.
Si sientes que has crecido sintiéndote “un tanto diferente” o fuera de lugar, estás entendiendo el impacto psicológico que supone sentir que perteneces a una tribu.
A veces el rechazo era explícito. Otras veces era más sutil: aprender a medir cómo hablabas, cómo mirabas, qué contabas o cuánto de ti podías mostrar. Cuando eso ocurre durante años, el cuerpo y la mente aprenden a protegerse. Y ahí apareció esa sensación de soledad relacional (No era simplemente “estar solo”, sino sentir que no puedes ser completamente tú con otras personas).
Por eso las comunidades seguras tienen tanto poder psicológico.
Si estás en ese momento en el que no conectas del todo con tu alrededor, o bien sientes que necesitas rodearte de personas más afines a ti (y saber perfectamente que las apps no son el espacio más adecuado para ello)… estás buscando algo más profundo: encontrarte en comunidades más emocionales, más conscientes y más orientadas al bienestar, los vínculos y el desarrollo personal.
¡Gracias por llegar hasta aquí!
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